La historia es con frecuencia utilizada como instrumento de refuerzo ideológico-político. Se utiliza desde que las sociedades se gobiernan con política y en todo el mundo, no es privativo de México.
Sin ser exclusivo en México, sí es en nuestro país una herramienta de los políticos para legitimarse o legitimar sus acciones de gobierno. Entre más ideologizado sea un gobierno, más recurrente la estrategia de vincular al gobierno y al gobernante con personajes de la historia ya acreditados por la historiografía tradicional.
Aclaremos unos conceptos. Historia es la ciencia que estudia los acontecimientos, también se le denomina historia al acontecer del pasado, a los hechos y sus personajes. La historiografía es la disciplina que estudia, analiza y revisa el registro del estudio en la Historia, siempre procurando el rigor metodológico, la pulcritud del investigador y la veracidad de la información.
La historiografía adquiere su valor académico y de cualidad científica cuando cumple en sus registros con tres elementos: veracidad, objetividad e imparcialidad del conocimiento investigado. Esto no implica que pueda haber una distorsión del conocimiento frente a la falta de información al momento de investigar o por algún error de interpretación, pero esto es común en toda investigación científica, sea experimental o no.
El uso político y el enamoramiento de personajes son distintos; en estos se da la manipulación, la desinformación o la utilización parcial del momento o personaje histórico en forma intencional, voluntaria, con el propósito de influir en la percepción de la comunidad con relación a un gobierno o gobernante o el propósito de que se enaltezca a algún personaje de menor tamaño histórico.
En ese contexto del «enamoramiento de personajes», en Nuevo León se ha trabajado en los recientes 20 años en reivindicar los sucesos vividos en Monterrey entre el amanecer del 21 de septiembre de 1846 y la tarde del 24 del mismo mes.
A la etapa conocida como Batalla de Monterrey se le ha investigado, se ha promovido y difundido, en ello han participado investigadores serios y profesionales como Miguel Ángel González Quiroga, Jesús Ávila, César Morado, Eduardo Cázares y Ahmed Valtier, todos ellos arrojando estudios de gran calidad académica e histórica. En paralelo existen grupos de personas interesadas en difundir el pasaje y exacerbar lo heroico de la ciudad.
En ese afán por construir héroes en un pasaje donde lo resaltable son los desaciertos, los errores y malas decisiones del líder militar mexicano Pedro Ampudia, existen quienes ven a Ampudia como un personaje digno de rememorar mediante diversas formas de rendirle culto.
La Batalla de Monterrey es la acumulación de cuatro días de combates en donde la población civil se inconformó, expresó sus desacuerdos y su malestar con las decisiones de Ampudia, pero no sólo eso, al logro de Zachary Taylor por controlar la ciudad y salir con sus tropas Ampudia, el entonces gobernante Antonio López de Santa Anna, emprendió un juicio militar contra el líder cubano encargado de defender Monterrey.
Para salvar las imputaciones, Ampudia recurrió a mentir, a manipular las cifras de caídos y heridos, así como las condiciones de la guerra. Una argucia que le permitió salir librado por su incompetencia militar al defender una ciudad que prácticamente tenía ganados los enfrentamientos armados.
En fin, la manipulación de personajes y sucesos es cotidiana, recurren a ella los políticos y aquellas personas que como decimos, «se enamoran» de los personajes al grado de idolatrarlos, de ver en ellos personajes de bronce, símbolos a imitar y paradigmas a retomar como ejemplos de vida.
Lo importante es comprender que los personajes de las diversas etapas históricas son mujeres y hombres quienes respondieron conforme a sus capacidades, saberes y entenderes a los sucesos del momento, con aciertos y errores, con limitaciones propias y del entorno.
Imagen creada con IA. Idea original propia del concepto para conceptualizar el contenido escrito.






























































